Brasil 2014 entre la organización deportiva y el estallido social

Mucho revuelo causó la elección de Brasil como organizador del mundial después de 36 años en que un país latinoamericano no organizaba una copa mundial (el último había sido Argentina 1978), ya que todos se debatían si una economía emergente iba a poder costear la infraestructura necesaria para un evento de estas características. Lo cierto es que a poco menos de 20 días del partido inaugural el país tropical corre contra el tiempo y trata de sortear las dificultades que la copa del mundo le trae aparejado al gobierno de Dilma Rouseff. Hace pocas horas un mural pintado por el artista Paulo Ito dió la vuelta al mundo a través de las redes sociales, en el mismo se ve a un niño llorando sentado a una mesa con un plato que en lugar de comida tiene una pelota de fútbol. Esta imagen fue tomada como emblema de miles de brasileros que soportan los avatares que conlleva ser anfitrión de un evento para el cual se necesita mucho dinero y que han sufrido en sus bolsillos numerosos recortes para poder construir estadios, mejorar caminos y cumplir con un sinnúmero de exigencias de la FIFA. Quizas no sea el momento para que un país sudamericano pueda demostrar estar a la altura de los países de primer mundo en cuanto a organización deportiva, tal vez es momento de resolver los focos de conflicto social que se presentan a diario y de los cuales nuestro vecino no es inmune. A lo mejor el progreso de Brasil fue un espejismo o un puntapié inicial dado por Lula Da Silva pero que todavía no tiene las bases como para afrontar terrible gasto. Faltan unos pocos días para que el mundo pose sus ojos sobre América del Sur, recién allí sabremos para que estamos.

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